Por fin, y para regocijo (o no) de no pocos de los seguidores de nuestro "peliplo" chino, aqui llega el desenlace de "EL ATAQUE DE LOS "CASI-PATOS"" ..."mil peldones" por la espera, piltramines, pero el acceso a éste nuestro blog se ha antojado más difícil de lo previsto dado que, en los últimos días, nuestros pinreles apenas han estado en contacto con tierra firme (léase; hemos estado volando de aquí para allá).
En fin, por dónde íbamos...
Uno tras otro y con un orden exquisito, iniciamos el abordaje de la embarcación (?!) del que, durante los próximos minutos de nuestra vida, sería nuestro patrón.
El susodicho patrón (a quien, por razones obvias, nos referiremos en lo sucesivo como "el chino de la barca") manejaba el barco valiéndose únicamente de un palo largo que hincaba en las aguas y gracias al cual guiaba el bote a su antojo (haciendo caso omiso, eso sí, de nuestras indicaciones). Algo resultaba obvio: el chino de la barca era muy diestro en el manejo de los palos largos.. y ello para regocijo (suponemos) de su señora esposa.

Para nuestra sorpresa, resultó que no estábamos solos en el lago: al poco de nuestra partida, una pandilla de cormoranes (con Ernesto a la cabeza) se arrojaron a las aguas a fin, nos pareció, de escoltarnos en nuestra excursión matutina por "su" lago. Los cormoranes resultaron ser unos extraordinarios pescadores, aunque feos como demonios. Bucean de fábula, pero cuando se trata de volar, son tan hábiles como tu y como yo: inútiles; preguntamos al chino de la barca por qué (coño) los cormoranes son pájaros si no son capaces de volar: sin duda la pregunta pilló desprevenido al chino de la barca el cual tuvo que recurrir a su terminal telefónico móvil para pedir el comodín de la llamada (seguramente llamó a su señora esposa la cual, intuimos, le urgió a regresar al hogar conyugal cuanto antes pues, suponemos, estaba impaciente por disfrutar de la compañía del que, a buen seguro, llamaba (cariñosamente) su "chinito del palo largo"). Su respuesta, como no podía ser de otra forma, cayó en saco roto dado nuestro desconocimiento (casi) total del idioma en que el chino de la barca se dirigía a los miembros del Cuerpo Infinito allí presentes.

El paseo por el lago se prolongó durante casi una hora y, de cuando en cuando, el chino de la barca (a quien, a estos efectos y por razones que, en breve, el lector sabrá comprender, nos referiremos como "el chino cabrón") agarraba (con escasa delicadeza) a un cormorán por el pescuezo para, a continuación, arrebatarle (mediante coaccicón manifiesta) los pescados que éste (el cormorán en cuestión) hubiera sido capaz de atrapar en su gaznate hasta ese momento (el momento de su captura por parte de el chino cabrón) con su esfuerzo (el del cormoran en cuestión).
También había chinos pequeños dándose el clasico chapuzón mañanero en el lago y que nos saludaban a nuestro paso con un educado "HELLO!!!" al cual nosotros, solícitos, respondíamos con un voluntarioso "NIHAO!!!" (este es un fenómeno al que me he permitido bautizar como la "barrera idiomática invertida" y que, como el lector más avispado ya habrá imaginado, consiste en que los chinos se dirigen a nosotros en un inglés del que nosotros no entendemos ni jota y al que nosotros respondemos en un chino (mandarín) del que los chinos no entienden ni media).

Por último, regresamos a nuestro punto de partida en tierra firme, echamos cuerpo a tierra e hicimos entrega a la esposa del chino de la barca del precio con él pactado (ni más ni menos) el cual, según tuvo a bien explicarnos la china, pensaba invertir en un nuevo palo más largo para su marido. Antes de partir de regreso a nuestro hotel, el chino de la barca nos despidió con un gesto sobrio pero caluroso, no sin antes instarme a devolverle
(de inmediato) un cormorán (hembra) que yo disimuladamente (o, al menos, eso creia yo) había procedido a guardar en mi mochila (con clara intención de hurto). Instantes más tarde, y tras haber yo devuelto al chino de la barca aquello que le pertenecía por derecho (el cormorán), nos encontrábamos de nuevo a lomos de nuestras bicis
cruzando tremendos campos de "aloz" camino del hotel por cuyo hospedaje habiamos pagado... pero esa es otra historia.
Y así, amigos míos, concluye la increible historia de "EL ATAQUE DE LOS "CASI-PATOS"".
Conclusión: tal y como vaticinábamos, la experiencia fue grata.
He dicho!
PD: 88...8!!! (algunos lo entenderán; otros no)